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12月21日

dialéctica revolucionaria

 
 En Venezuela no hay lugar para medias tintas. Hace algunos días, el 2 de diciembre para ser precisos, los venezolanos vivieron jornadas de nerviosismo y de un continuo enfrentamiento ideológico una vez que se llevó a cabo el referendum para que la gente aprobara o rechazara 69 modificaciones constitucionales propuestas por el presidente Hugo Chávez, mismas que ratificarían el curso de la revolución bolivariana y que brirían las puertas para que Venezuela adoptara el sistema socialista como política económica. Esto provocó que el debate se polarizara al extremo. La cosa es simple: o se ama o se odia a Chávez, al gobierno, a la revolución. Los medios de comunicación son un ejemplo visible de esta confrontación, una extensión de la eterna lucha de clases entre los que tienen y los que no. Las tendencias son marcadas, los medios estatales como Venevisión se autoproclaman como revolucionarios, la crítica no existe para el gobierno y sus integrantes, mientras que los medios privados como Radio Caracas o Globovisión son la contraparte de la moneda.
Fue así que después de un peculiar viaje en una especie de barco pirata del asfalto, comandado por una férrea pollera que traficaba con ilegales que tenían Venezuela como destino, llegamos a Maracaibo en medio de la más sorprendente manifestación de corrupción que haya visto jamás, para luego hacer una parada más en el tranquilo poblado de Coro y sus imponentes dunas ubicadas en el parque de los Médanos. Desde el primer instante se persive un ambiente netamente político, con argumentos a favor y en contra de la polémica reforma.
Llegamos a Caracas un jueves por la mañana, justo a tiempo para contactar a Roberto, un brother que nos dio asilo en su departamento un par de días antes de irnos con Alejandro y su familia otro par de días, preparar la cámara y asistir a la marcha por el NO. La gente que asistió a la marcha encabezada por estudiantes, principalmente de clase media alta, tomaron las calles al son de "¿Por qué no te callas?", el éxito del momento, mismo que hace referencia al reciente altercado entre el rey Juan Carlos de España y Hugo Chávez. Los reclamos son muchos y muy variados, al igual que el colorido bloque opositor: desde los artículos en los que se habla sobre los periodos por tiempo indeterminado en el ejecutivo, hasta la demanda por el desabasto de productos de la canasta básica.
Sin embargo, no habíamos terminado con el turismo 'grillero', pues el día siguiente nos alistamos desde medio día para asistir a la contestación de los simpatizantes de la denominada revolución bolivariana. Las calles del centro de Caracas se tapizaron de rojo, mientras tomábamos nuestro lugar a medio rayo del sol y aguardamos pacientemente hasta que entrada la tarde, arribó Hugo Chávez al lugar. El carisma del polémico presidente para con sus simpatizantes es simplemente impresionante. Algo digno de un líder religioso o espiritual, en lugar de u político con nueve años al frente del país. "Algunos dicen que se quiere quedar eternamente en el poder, pero hay que aprovecharlo para que gobierne mientras pueda", comenta una señora a mi lado mientras un sujeto un tanto peculiar agrega: "Dios lo mandó para que gobernara estas tierras. Yo me puedo morir tranquilo porque sé que él se va a quedar gobernando", sentencia el borracho.
Todo se vuelve un manicomio cuando Chávez pasa al lado. Una estampida de gente se lanza hacia el frente con una fuerza brutal para poder saludar al mandatario, quien de inmediato se apodera de la tribuna y muestra sus dotes de orador, sin ese acartonamiento de muchos. Habla de forma espontánea, como una charla de sobremesa con un café, algo con lo que la gente puede identificarse facilmente. Así mismo, no se hacen esperar las consignas antimperialistas contra EU o cualquiera que se atreva a pensar distinto. El lema de "Patria, socialismo o muerte" es un claro indicio de la postura de los revolucionarios respecto a la diversidad de ideas, pese a que se autodenominan incluyentes.
El sábado lo utilizamos para regresar al turismo convencional, visitar museos, calles, parques y esas cosas. El domingo regresamos al rollo electoral. Nos dimos una vuelta por algunas casillas para ver como se vivía el ambiente. El fantasma del fraude y las teorías de la conspiración se hacían presentes en el imaginario colectivo de algunos integrantes de la oposición, pese a que todo transcurrió de forma tranquila. Sin mebrago, conforme pasaban las horas, la tensión crecía. Al filo de la madrugada, los venezolanos permanecían atentos al televisor en espera de los resultados. Caracas estuvo a punto de reventar cuando el nerviosismo alcanzó su climax segundos antes de que la presidenta del COnsejo Nacional Electoral anunciara la victoria de la oposición. Un duro golpe al chavismo, que hasta ese momento permanecía con el invicto en las urnas electorales. El júbilo tomó algunas calles del centro de la capital venezolana mientras otros sectores de la ciudad, incluyendo el palacio de Miraflores, seguían preguntándose qué había salido mal. Fue así que Chávez apareció abatido en cadena nacional, aunque finalmente reconoció los resultados emitidos por el órgano electoral.
Por la mañana siguiente, antes de dirigirnos a Mérida, nuestra última parada en aquel bello país que vio nacer a Bolívar, la gente discutía, dialogaba y debatía. Nadie esperaba los resultados. La oposición no podían creer el triunfo al igual que los revolucionarios permanecían incrédulos ante la derrota. Los estudiantes festejaron el triunfo mientras el remordimiento y las culpas se hacían presentes en los más fervientes simpatizantes de Chávez, su líder, el mismo al que le fallaron, al igual que a su denominada revolución del siglo XXI, fundamentada en la tesis del alemán  Heinz Dieterich Steffan y su crítica al marxismo convencional, mismo que ha actualizado en base a los intentos que han existido para establecer el socialismo en el mundo. Fue así que Venezuela regresó a la normalidad, al menos por el momento.
 
 
 
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12月8日

brevísimo resumen sobre la llegada a la america del sur y otras curiosidades

 
Como habrá usted notado querido lector, voy muy atrasado en cuanto a la crónica de este largo viaje por Latinoamérica, así que como pienso hacer algo relativamente largo sobre la estancia de Venezuela y con el fin de no desfasarme más para mantenerlo al día (¿que tal?) haré un breve resumen de lo que fue la llegada a la costa norte de Colombia, donde la pasamos full bueno en esta vaina.
 
1.- Con un cielo gris y una lluvia moderada, salimos de Capurganá en un bote bimotor por más de dos horas en medio de un oleaje intenso, donde el peligro latente de ladearnos nos acompañó durante la montaña rusa marítima, hasta que por fin llegamos a Turbo, un pueblo tanto hostil en el que pasamos rápido para luego tomar un 4x4 hasta Montería, donde llegamos empanizados por el polvo del camino.
 
2.- En Montería la cosa estuvo tranquila, ya que nada más dimos un breve paseo por el andador, donde pudimos ver iguanas, monos y demás.
 
3.- Llegamos a Cartagena de Indias, una enorme ciudad costeña, cuyo centro histórico, protegido por una extensa muralla, es una verdadera belleza, aunque el resto de la ciudad padece mucha pobreza. Ahí un sujeto que supuestamente nos iba a cambiar unos dólares por pesos colombianos, intentó estafarnos con algunas suertes de prestidigitador, pero lo cachamos en el acto. Nos quedamos cerca de tres noches, presenciando el atardecer más bello en lo que va del viaje.
 
4.- Las dos noches siguientes las pasamos en Barranquilla, ciudad que aunque no es muy bonita que digamos, conocimos gente muy chida. Primero a Gustavo, quien contactamos por internet y quien nos dio un recorrido por la ciudad y nos invitó a comer algunos platillos de por allá. Luego conocimos a Roberto, uno de los mejores anfitriones que hemos tenido, a Vanessa y a todala banda de extranjeros hispanoparlantes (y dos alemanes) que estaban estudiando de intercambio por allá.
 
5.- Viajamos a Santa Marta y Taganga junto a la banda estudiantil, donde la pasamos muy bien, aunque me entró una crisis existencial de esas que luego me dan cada tres meses. en Taganga pasamos una noche nefasta (auqnue anecdótica) en un lugar llamado la Mansión, administrada por un hippie bien chistoso que nos interpretó una formidable actuación sobre una jornada de machete y chicha bastante divertida.
 
 
De ahí partimos hacia Venezuela un tanto apresurados para llegar a Caracas unos días antes del referéndum en el que el pueblo votaría por cambiar la constitución, pero luego les contaré aquello con más calma.