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2月2日

viaje poético

 
 
Hace ya un buen rato que noe scribo nada sobre la travesía por Latinoamérica, pero no sé, como que siento que no tengo mucho que decir al respecto, salvo hacer la crónica del día a día que últimamente me da mucha flojera. Por eso los dejo con algunas cosas que he escrito y que de alguna forma, son parte del viaje.
 
 
 
 
 
I
La noche se prolongó como el sueño
hasta hacerse día y morir con la tarde:
¡Oh, remanso de tristezas!
 
 
 
II
Mil lenguas homicidas se clavan
en mi carne, buscando perdón.
Ladrón de deseos,
víctima de su fe,
asesino del sueño imposible.
 
 
 
 
III
Dos manos solitarias
se encuentran,
se miran,
se sienten,
se reconocen,
se niegan,
se marchan.
Todo, ante la
imposibilidad de
amar en silencio.
 
 
 
 
 
IV
Las murallas de tu cuerpo
contienen todo:
el oleaje de mis mares,
termina siempre por
naufragar en tu orilla,
como si fuera espuma.
 
 
 
 
V
Nacen flores,
mueren templos
y viven mares de tristeza;
el viento transporta soledades
de cama en cama,
de boca en boca.
 
 
 
 
VI
Una piedra duerme por milenios;
Un arroyo roza su piel una eternidad,
hasta dibujarle un rostro nuevo.
La piedra llora al no encontrarse
en su reflejo.
 
 
 
 
VII
Hagamos versos,
  soñemos con los pies descalzos
   mirando al mundo
que se aleja,
  se esconde
    y agoniza
en su lejana guarida,
en su eterna melancolía.
 
 
 
 
 
VIII
Una sonrisa se esconde
en el vacío de tu silencio,
en horas de desasosiego,
en pensamintos suicidas y
en la soledad de un poema
en blanco, que espera
inútilmente
 
 
 
 
IX
La noche se extiende hasta abarcarlo todo,
mientras el sol intenta mantenerse firme
desde la lejanía de un faro que se yergue
en la cima de un cerro sin flores.
La tiniebla abraza a la tierra.
 
 
 
 
 
X
El aire se disloca con el crujir de una rama:
las aves cantan el principio de los tiempos,
el fin del hombre.
 
 
 
 
 
XI
Flota un fantasma ente maizales,
el corazón derramado en el campo
que se tiñe de rojo.
La tierra brama en busca de justicia:
esa idea tan absurda y ambigua
como la existencia misma del hombre.
 
 
 
 
 
XII
Duerme la noche
como duerme el sueño
en si mismo.
 
 
 
 
XIII
Una sombra delatora susurra un verso.
Todo calma. Las voces hablan al unísono,
rompiendo la noche con su ruido crepuscular.
Todo calla. El alma de una rata se desdobla
hasta el infinito, hasta disolverse en la nada.
Todo calma.
 
 
 
 
 
XIV
El frío corta como un fiero cuchillo,
depredador de mis ansias,
que corta igual que tus labios,
aquella boca que no fue.
 
 
 
 
 
XV
Palabras cómplices se suceden 
para silenciar los lamentos
de un alma estéril,
que padece esa
vocación innata para la tristeza.
 
 
 
 
 
XVI
La memoria trae,
irremediablemente,
añoranzas huérfanas
de un pasado incierto.

Con la luz del recuerdo,
llegan otras carencias,
otras soledades,
otros olvidos,
otras caricias
y otros amores,
pero la necesidad
de ser en otro,
permanece intacta.
 
 
 
 
 
 
 
XVII
Seres nocturnos germinan en las entrañas
de un huerto de palabras, del que emanan
evocaciones de un mañana incierto e imposible,
en el que se manifiesta la realización de los
sueños desmembrados de un pueblo de profetas.
 
 
 
 
 
 
XVIII
Un péndulo gravita
en un círculo de cenizas
en que el viento y el tiempo,
en complicidad criminal,
escriben una nueva historia.
 
 
 
 
 
XIX
No preguntes de quién son estas manos,
que resbalan por el interior de tus muslos
con ganas de acceder a esa zona oblicua
y secreta que se oculta entre tus piernas.

 
No preguntes de quién son estas manos,
que se aferran a tu pecho y a tu espalda
para sostenerse en el mundo, en medio
de un sueño lacustre, donde navegan las ansias.

 
No preguntes de quién son estas manos,
que naufragan inevitablemente en tu cintura
definiendo los contornos, erosionando tu piel
con la corrosión de unos dedos vagabundos.
 
 
 
 
 
 
XX
El corazón no sabe de distancias,
sólo de ausencias y soledades,
esa impresión de ser ajeno a todo,
ajeno a uno mismo,
como ese vacío
que se forma
entre la carne y la piel.
 
 
 
 
 
XXI
Hablan los muertos,
aquellos cuyas voces fueron apagadas
por la estúpida ambición de los
adoradores de piedras
hablan los muertos al compás de la metralla,
estruendo ensordecedor,
escupe violencia por el sueño de un
séquito de vendepatrias
Murieron para callar, y sin embargo, cantan.
 
 
 
 
 
 
XXII
La soledad no es cuestión de ausencias,
como algunos piensan,
sino de recuerdos que evocan el vacío
insoportable de la existencia.
 
 
 
 
 
XXIII
Etílico néctar que convierte
la sed de olvido,
en opresión de pecho,
esa angustia que le sigue
al desvelo,
la añorada venganza
contra aquellos que
le amputaron el corazón,
como si en verdad
pudiera amputarse.
 
 
 
 
 
 
XXIV
Nunca he estado tan cerca de la poesía.
El amargo bálsamo de la frustración
evidencia las carencias de un alma hueca
que llora ante la terrible imposibilidad de ser,
pronunciar el verbo que mitigue el dolor
en el pecho y la humedad en los ojos,
esa pobreza de recursos lingüísticos
que naufragan en un mar de palabras estériles.
Eso es lo más cerca que he estado de la poesía:
lejos, lejos, lejos.
 
 
 
 
 
 
XXV
El aire se condensa en una fría masa
que convierte el aliento
en un artificio de ficción,
como lo fue el habla
de los primeros hombres.
 
 
 
 
 
 
XXVI
Cuatro paredes limón:
frontera invisible de esa
prisión de impaciencia
en la que transmuta el cielo,
redondel de escaleras infinitas
que descienden al abismo
en el que hierve la sangre
y se alarga la espera.
 
 
 
 
 
 
XXVII
Pasillos infinitos,
puertas que se suceden una a una,
calles de tierra roja
pobladas por el silencio.
Lamento inconfesable de un crimen
que resbala en la impunidad de la sombra
anonimato perverso en el que se refugia
el rayo fulminante del veinto solar.
 
 
 
 
 
 
XXVIII
El tiempo despega hacia el infinito,
espiral que se convierte en onda
y que resuena en el espacio como
un eco continuo, en la basta soledad
de una galaxia distante, fría y ajena,
ese universo alejado de si mismo,
que gravita lejos de su órbita,
de su propio centro
 
 
 
 
 
 
XXIX
Cúpula nacar que seduce
al inocente firmamento añil.
con el largo velo de palabras
que cubre su desnudez,
ese pedazo de carne ansiosa
por despojarse de ataduras,
para que la metáfora penetre
el aire con entera libertad,
y pueda hacer arder su espíritu
en el arrullo sublime de la poesía.
 
 
 
 
 
 
XXX
Amor:
una palabra,
cuatro letras,
mar de agonía,
palpitaciones nocturnas,
sueños rojos,
dulce elegía,
decorada por
recuerdos,
nostalgias,
caricias y besos
que se ahogaron
en su sangre,
la misma que alguna
vez, les dio vida.